Soy una persona complicada. Pero no me arrepiento de complicarme, puedo notar cosas que otros no. He dejado de hacer caso a personas que me importan de verdad. No estoy para nada contenta con eso, me gustaría volver al preciso instante en el que la cagué y cambiarlo. ¿Puedo? No. Por supuesto que no. ¿Es eso el arrepentimiento? ¿Querer cambiar algo que sabes que no puedes? ¿Que te parezca que has obrado mal? ¿Pensar en ello de manera que todo te guía a la tristeza? Puede. Pero el arrepentimiento es más que eso, es darte cuenta de las cosas, como son de verdad. El arrepentimiento es echar al auto-conformismo lejos. Querer mejorar. Saber que como todo humano te puedes equivocar. ¿Entonces es el arrepentimiento un sentimiento desagradable, malo y molesto? No, el arrepentimiento forma parte de nuestra individualidad como seres humanos. Nuestra libertad.
Prometer. Una Promesa. Es algo que debería durar para siempre. Aunque no siempre dura lo que tiene que durar. Prometer es comprometerse a cumplir. Prometerle a alguien es sumirle en un estado entre el shock y la sorpresa durante menos de una fracción de segundo; dejarle pendiente entre el todo y la nada. Hay que estar dispuestos a cumplir con lo que se dice; ya sea imposible o posible. Quiero decirte a tí; la persona que es más improbable que esté leyendo esto que quiero confíar, y que cumplas lo que prometes, pues sólo entonces probaré la verácidad de tus palabras. Y por mucho que quiera que sea así, también te advierto que no es de mucha ayuda sí no intentas cambiar, aunque sea un poco con todo el mundo y consigues cambiar conmigo por guardártelo todo dentro.

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