Soy una persona complicada. Pero no me arrepiento de complicarme, puedo notar cosas que otros no. He dejado de hacer caso a personas que me importan de verdad. No estoy para nada contenta con eso, me gustaría volver al preciso instante en el que la cagué y cambiarlo. ¿Puedo? No. Por supuesto que no. ¿Es eso el arrepentimiento? ¿Querer cambiar algo que sabes que no puedes? ¿Que te parezca que has obrado mal? ¿Pensar en ello de manera que todo te guía a la tristeza? Puede. Pero el arrepentimiento es más que eso, es darte cuenta de las cosas, como son de verdad. El arrepentimiento es echar al auto-conformismo lejos. Querer mejorar. Saber que como todo humano te puedes equivocar. ¿Entonces es el arrepentimiento un sentimiento desagradable, malo y molesto? No, el arrepentimiento forma parte de nuestra individualidad como seres humanos. Nuestra libertad.
<< Y la chica de la falda de cuadros acabó mojada, hecha pedazos y con una lágrima manchando su perfecto y delicado rostro, ante un día en el que debería de haber brillado el sol. >> 7:30 de la mañana, miércoles 30 de Abril. Al norte de una isla perdida en el Atlántico, en una cuidad llena de magia en cada rincón. El sol brilla como acostumbraba a hacer antes de que llegasen las lluvias. No hay nadie en la calle, ¿O sí? Por lo menos nadie que llame la atención del pequeño bulto, sentado en un banco de la Calle Mayor. Está esperando a alguien, o a algo. ¿Pero, que espera...? Sentada como estaba, tuve la tranquilidad necesaria para poder pararme a pensar que era lo que me había sacado de casa tan repentinamente aquella mañana. ¿Que había sido? ¡Demonios! ¿Que era tan importante, que iba a pasar que fuera tan importante para sacarme de la cama a las 6:00, ducharme y vestirme con sumo cuidado, para que al final acabara allí, sentada en un banco, sin intuición que seguir...

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