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Una Semana de Luces #003

Luego están esos momentos en que sientes en que el mundo está mal. Las cosas dejan de parecerte injustas para tí. Todo eso se queda parado en instantes eternos en los que se te encoge el corazón. Y tu sientes frío y quieres abrazarte las piernas. Del frío que de repente ha entrado por tu ventana cerrada a colarse en la habitación porque alguien está sufriendo. Porque para alguien, las cosas no son como deberían. Que lo están pasando mal, y mal significa peor de lo que tú creías. A mi me invade un miedo extraño y fuerte. A que las cosas no vayan mejor, yo no pueda hacer nada y el que sufre, siga sufriendo como no lo merece.

Me inmoviliza la impotencia. Me corta el fluir del pensamiento y sólo me deja palabras vanas que de nada sirven. Y me retumba en la cabeza la ansiedad al otro lado de la línea.

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Como escribirte. Describirte. Animal. Un pequeño bengala atrapado en el bosque oscuro. Asustado me asustas. No imagino ni tu llanto porque sufres en silencio. Tu miedo me asusta, porque no se reaccionar. Sólo puedo observar desde el otro lado de la maleza y susurrarte. Te susurro a gritos que corras, que seas quien quieres ser, lo más Tú que puedas. Lo que yo más quiero que seas. Retrocedes. Huyendo de algo que yo soy incapaz de ver, pero sé que está ahí. Lo sé porque te he visto sufrir, pequeño, y casi no hay cosa que duela más. Me pregunto porqué te privan de la libertad que tanto ansías y que tanto te corresponde. No entiendo nada. Y me siento al otro lado a ver como tus preciosos ojos del color de un bosque muerto, se alejan entre esa cortina salvaje tras la que quieres refugiarte. Ojalá, bengala mío, pudiera levantarme e ir hacia tí y sacarte de ahí con una caricia y salir corriendo. Contigo. Lejos. Verte crecer. Liberarte. Pero me pesa cada segundo que pasa, el saber que no puedo. Solo puedo gritarte susurrando, que no eres cobarde por esconderte, que tengo miedo de que te persigan, que necesitaría poder ayudarte... Que te quiero libre.


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